Este viernes 13 de marzo de 2026, la estructura del narcotráfico en el Cono Sur sufrió un golpe contundente. El narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, considerado uno de los objetivos prioritarios del Departamento de Justicia de Estados Unidos, fue detenido en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, durante un operativo a gran escala ejecutado por la policía local.
Captura y traslado a EE.UU.
La detención ocurrió en la madrugada tras la movilización de cientos de agentes. Según fuentes oficiales bolivianas, Marset fue trasladado al aeropuerto de Viru Viru, donde se le introdujo en una aeronave con matrícula estadounidense para proceder con su entrega a las autoridades norteamericanas. Aunque Paraguay también ha manifestado su intención de gestionar la extradición por la gravedad de los delitos cometidos en su territorio, el ministro del Interior paraguayo, Enrique Riera, admitió que es altamente probable que el detenido enfrente primero la justicia en Washington.
El perfil del fugitivo
Sebastián Marset consolidó un historial criminal que abarca varios países. Tras purgar una pena en Uruguay entre 2013 y 2018, emigró a Bolivia en 2019 y operó fuertemente en Paraguay.
Las investigaciones del Departamento de Justicia estadounidense, que ofrecía 2 millones de dólares por información que llevara a su captura, lo vinculan con una red que movilizó al menos 16 toneladas de cocaína hacia Europa. Un hecho clave en su expediente fue el decomiso de 11 toneladas de este narcótico en el puerto de Antwerp, Bélgica. Asimismo, en mayo de 2025, se abrió un acta de acusación formal en su contra por lavado de dinero a través de instituciones financieras estadounidenses.
Antecedentes y red familiar
El capo se encontraba prófugo desde 2023, año en el que logró escapar de un megaoperativo policial en Santa Cruz apenas horas antes de ser localizado. En aquella ocasión, huyó acompañado de su esposa y sus hijos. Actualmente, su pareja se encuentra bajo custodia en Paraguay tras haber sido capturada previamente en España.
Este caso subraya la complejidad de la lucha contra el tráfico de drogas en la región, en un país como Bolivia, que se mantiene como el tercer productor mundial de cocaína, solo por debajo de Colombia y Perú.